Ha habido, desde hace ya más de un lustro, una creciente preocupación por el quehacer sociológico y el oficio que implica aprender y desempeñar una profesión con un alto grado de reflexividad como el que implica el oficio del sociólogo. De manera irregular, con destellos y obscurecimientos, el blog nos ha acompañado en esta empresa.
Para no dar tantas vueltas ni adquirir un sobrado (y falso) grado de seriedad y motivado por la curiosidad del abuelo en torno al programa soviético de reconstrucción de las ciencias sociales me parece atinado señalar que la importancia de este programa radica en la tematización y sistematización de esta reflexividad en y desde la disciplina; es decir, en el seguimiento y discusión de un tema que encontramos particularmente importante los posculeristas: el énfasis en el análisis del lenguaje.
La relevancia de retomar esta problemática como punto de partida (y aquí comienza mi exposición de motivos que tanta curiosidad genera en el abuelo) radica en el doble "ejercicio" que representa por dos razones: (1) porque implica tener un dominio del acervo de conocimiento que el saber sociológico implica, saber que debe tener clara la distinción entre teoría de la sociedad (postulados acerca de lo que constituye su ámbito objeto) y la metodología o los medios para construir el análisis del objeto que se está postulando como posible y (2) porque este dominio de la identidad analítica que la diferencia de otros discursos y de su mismo objeto exige también la definición del tipo de relación que se establecerá con dicho objeto.
No pretendo descubrir aquí el hilo negro del problema del lenguaje en la construcción de la realidad (ya desde un ámbito especializado como el de la sociología o desde el lenguaje de sentido común) pero considero importante no pasar por alto la importancia de este giro lingüístico pues logra enmarcar diferentes "corrientes" o "perspectivas teóricas", distintos paradigmas -en términos de Kuhn- que convergen en la sociología: desde el análisis de las ideologías en la protosociología de Marx o las categorías desarrolladas por los sistemas religiosos primitivos de Durkheim acudimos a una preocupación por lo que involucra el lenguaje, por lo que representa, presupone, dice o calla.
Qué decir de obras como la de Weber, en el que la interpretación de la acción resulta central en el método de la disciplina (toda interpretación se hace desde un lenguaje y, en consecuencia, desde un horizonte de sentido, involucra presupuestos y categorías sobre lo que es el mundo y lo que es probable que suceda en él).
Más allá de los clásicos están las obras de Parsons y todos sus críticos (Goffman, Shutz, la etnometodología, etc.) que siguen moviéndose en el ámbito lingüístico ya desde las narrativas, las metáforas teatrales y los guiones y diálogos que presuponen, los relatos o las teorías del sentido común que todo actor lego conoce; qué decir del conocimiento y la comunicación como objetos de interés para la sociología. Todos ellos se relacionan con el fenómeno lingüístico de una manera u otra.
Ahora bien, lo central de retomar este tema como nuestro punto de partida es no perder de vista que nos implica discutir, al mismo tiempo, el proceder de la disciplina, volver sobre nuestros propios pasos al momento de aprender a hacer y hacer la sociología pues está, por decirlo de alguna manera, condenada a ser juez y parte en la tarea de dar cuenta de su objeto: la sociología en tanto fenómeno social es un fenómeno social lingüísticamente formado, acotado y determinado.
El problema queda ahora más claro: en el desarrollo del programa soviético está de por medio no solo el aprendizaje de la sociología, sino el aprendizaje mismo del oficio pues también las categorías sociológicas pertenecen a este universo en el que las condiciones sociales de existencia dan forma a lo que denominamos "realidad". La tarea entonces es dar cuenta de las determinaciones que acompañan nuestra formación y adquirir esa habilidad para emanciparnos simbólicamente (usando un término del que gusta mucho Elias) de esas mismas determinaciones dentro de un ámbito discursivo controlado y altamente reflexivo.
Cada quien lo hará desde la trinchera de su interés cognoscitivo pero el punto de acuerdo es reconocer la importancia de romper con las sociologías de sentido común en un ámbito que parece estar dominado por ellas y en el que, tengo la impresión, se fomenta ese tipo de discursos, una práctica encerrada entre limoneros y limones podridos, discursos gastados e instituciones dominadas por la administración de saberes mal aprendidos.
Me da wueva transcribir así que ahí dejo mi comentario, que por lo demás parece algo ya muy ensayado, una especie de respuesta ad hoc. Quizá el problema resida al igual que con el lenguaje en suspender el contexto «no problemático» en el cual el lenguaje significa algo y emergerán entre muchas otras cosas su cualidades discursivas, que es para nuestros intereses lo importante al momento de la construcción del hecho científico:
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Néstor
2/26/2013